Cuando se sospecha de una contaminación
del suelo, el problema principal reside en determinar
y conocer con precisión el alcance y la gravedad
de la contaminación presente.
Por este motivo, es necesario iniciar una serie de
actuaciones de investigación que permitan caracterizar
y determinar esta contaminación y definir el
alcance y las tareas de recuperación necesarias
de acuerdo con el riesgo que comporta, tal y como
contempla el Real Decreto 9/2005, de 14 de enero,
por el que se establece la relación de actividades
potencialmente contaminantes del suelo y los criterios
y estándares para la declaración de
suelos contaminados.
La gestión de un suelo contaminado consiste
en un proceso gradual en el tiempo, en el que se parte
de una fase inicial en la cual se dispone de poca
información y se avanza hacia fases en las
que se adquiere un mayor conocimiento sobre la problemática
de la contaminación.
Cada fase va asociada a un tipo de estudio determinado
en el que se evalúa la información obtenida
y se decide si hay que continuar adelante con el proceso,
para así permitir la optimización de
los recursos técnicos y económicos que
se han de aplicar.
Ahora bien, dada la elevada variabilidad de problemáticas
de contaminación del suelo, en cuando a sus
características y posibilidades de actuación
y solución, es posible que algunas etapas de
este proceso se puedan agrupar.
Este proceso de gestión está enmarcado
en cuatro etapas, siguiendo la definición y
nomenclatura que ha establecido la Agencia Europea
de Medio Ambiente (AEMA).
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